Parchita Paciflora: 10 años revolucionado el mercado de los bolsos y carteras en Colombia

Parchita Paciflora: 10 años revolucionado el mercado de los bolsos y carteras en Colombia
10 marzo, 2018 Parchita
In Historia

Parchita Paciflora: 10 años revolucionado
el mercado de los bolsos y carteras en Colombia

Escuchar a Carolina Osorio y a Juan Esteban Ortiz contar la historia de su marca es emocionante. Ver la complicidad que hay entre los dos y las risas contagiosas cuando recuerdan los momentos difíciles y de incertidumbre es un ejemplo de vida. Sentir la pasión que transmiten por el camino construido y verlos soñar con nuevos proyectos y colecciones es gratificante. Y es que ellos recuerdan sus inicios con mucha alegría, confirman que de las caídas se han levantado más fuertes, que sí es posible cumplir los sueños cuando se trabaja por ellos y que vivir del ‘fruto de la pasión’ ha sido lo mejor que les ha podido pasar.

Ellos siempre han confiando en su talento y en sus buenas ideas; por esto es que ahora son un referente importante en el sector de la moda, los estudiantes de Diseño los ven como un ejemplo fuerte de emprendimiento y son además, los pioneros en Colombia en crear bolsos estructurados, volumétricos y con una paleta de colores vivos. Parchita hoy está presente en Colombia, Costa Rica, Chile y Panamá.

Si quieres ver la evolución de los bolsos estructurados de Parchita, haz clic aquí.

 

Parchita Paciflora nació del fruto de la pasión

De la pasión que sentían por su proyecto, cuando apenas eran novios y estudiantes de Diseño Industrial en la Universidad Pontificia Bolivariana (UPB), en Medellín, nació Parchita Paciflora. Caro y Juan siempre se proyectaron con su empresa, produciendo productos que las mujeres pudieran usar, no como un accesorio más, sino como un objeto de diseño.

Tardaron casi un año en darle un nombre a su marca, pues querían que este fuera sonoro, que quedara en la mente de las personas y que además transmitiera, de cierta forma, un estilo de vida, que describiera en escasas dos palabras, al tipo de mujer al que le querían apuntar.

“Una vez Juacho y yo estábamos viendo un programa de cocina venezolano y el chef estaba preparando un ‘postre de parchita’. Apenas escuchamos ese nombre pensamos que era el perfecto y empezamos a hacer combinaciones de palabras. Buscamos su significado y nos pareció perfecto porque hace alusión a lo que nos apasiona hacer”, cuenta Caro emocionada.

Parchita es un fruto afrodisíaco, más conocido en Colombia como maracuyá. En Argentina, Venezuela y Panamá le dicen Parchita; y en Brasil se le conoce como el ‘fruto de la pasión’.

Paciflora es el apellido de la marca y es donde nace la Parchita, que a su vez tiene propiedades calmantes, relajantes y es comestible.

 

Sus inicios

Parchita inició en el 2008 produciendo bolsos y zapatos artesanales con tejidos y fibras naturales, en un pequeño taller en Laureles, un barrio tradicional de Medellín. Las máquinas con las que empezaron a elaborar las primeras piezas fueron un regalo de la mamá de Carolina.

“Caro y yo hacíamos desde cero el producto. Empezamos haciendo unidades limitadas y personalizadas de acuerdo al gusto y necesidad del cliente. Dos años después dejamos de hacerlo porque era un procesos costoso y poco rentable. Pero fue una etapa de exploración y de crecimiento de la que aprendimos mucho”, cuenta Juan.

Un tiempo después trasladaron el taller y showroom para una casa grande que compartían con un par de amigos al frente de la UPB. Estando ahí vieron la necesidad de crear productos más económicos para los estudiantes. Fue así como nació ‘Libre’, una línea de productos elaborados en material sintético, pero que tuvo poca duración porque la calidad no era la mejor.

Tuvieron también un showroom en Itagui, en el ‘Centro de la Moda’, pero esa fue una experiencia triste. Aunque la propuesta que les habían hecho parecía ser muy buena, ellos se dieron cuenta de que Parchita era una marca para un tipo de público diferente. Así que seis meses después recogieron todo y se fueron de ahí.

Ya sin carro y con una inversión bastante grande en un proyecto que no funcionó, decidieron que uno de los dos tenía que busca un trabajo fijo para poder darle un respiro a la empresa. Pues el dinero que ganaban con Parchita no era suficiente para vivir y se estaba convirtiendo en dinero de bolsillo.

Juan empezó a trabajar tiempo completo como profesor de diseño y marroquinería en el SENA, después lo llamaron de la UPB y de la Colegiatura para dar dos clases a la semana en cada una.

Durante tres años, Juan trabajó como profesor y en las noches llegaba a ayudarle a Caro con los diseños de las muestras; por su parte, Caro estaba de lleno trabajando con la marca.

Para ese entonces, ellos vivían en Santa Elena y ahí mismo tenían un pequeño taller donde diseñaban las muestras, para luego llevarlas a un proveedor quien era el encargado de producir los bolsos y carteras. Ya no contaban con un showroom sino que los que bolsos los vendían en tiendas multimarca.

Un día, Patricia Restrepo, amiga de Juan y quien trabajaba en Vélez, les propuso ser proveedores de la marca Tanino. Aunque lo pensaron mucho y fue tema de discusión un viernes de ‘junta’ mientras tomaban un par de cervezas, decidieron arriesgarse.

“La inversión era grande, necesitábamos $30 millones que no teníamos, era un cliente exigente en cuanto a la calidad, los tiempos de entrega y se tardaban 60 días en pagar”.

Caro habló con el papá para que les prestará el dinero y cuando se dio cuenta que era para un proyecto con Vélez se los dio.

“Hace un tiempo nos dijo: Yo pensé que ya había perdido esa platica cuando se la entregue a Caro. Y es que él una vez me regaló un carro cero kilómetros y para empezar la empresa, lo vendí sin su consentimiento”.

Con el dinero prestado, abrieron un taller en Buenos Aires, contrataron personal y compraron las máquinas que necesitaban para hacer los bolsos de Tanino y Parchita. Juan renunció inicialmente en el SENA para dedicarse más a la marca y equilibrar las labores entre los dos.

Otro hecho importante en esta historia es cuando alquilaron una casa grande en Manila para unir en un solo lugar producción y ventas. Ahí estuvieron dos años diseñando para Tanino y Parchita. La marca empezó a tener mejor posicionamiento, las ventas aumentaron y el trabajo cada vez era mayor, así que dieron fin al contrato con Vélez.

Pero lo que definitivamente ha partido en dos la historia de la marca son los bolsos estructurados y volumétricos. Parchita se ha consolidado más, tiene una marca más propia y es el gran factor diferenciador frente a la competencia.

Pero este solo es el comienzo, Juan Esteban y Carolina todavía tienen mucha tela por cortar, muchas costuras por pegar y muchas historias por escribir en el mundo de la moda.

 

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